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Entre flujos y otras cosas

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¿Alguna vez te has preguntado si tu flujo vaginal es normal?… Muchas mujeres de todas las edades pueden hacerse esta preguntas más de una vez, en algún momento de su vida, y es que el flujo vaginal es demasiado cambiante al pasar por diversas fases del ciclo, al exponerse a ciertos factores hormonales, e incluso en determinadas patologías nos puede alertar y orientar en el diagnóstico, al ser un dato clínico importante. Pero para llegar a esto, debemos saber diferenciar entre un flujo normal y un flujo patológico o “anormal” indicativo de alguna enfermedad o desequilibrio en nuestro sistema reproductivo.

 

Recordemos que el flujo vaginal es una parte normal y saludable del cuerpo femenino que cumple funciones importantes como: el mantener la vagina limpia, ayudar a prevenir diversas infecciones y puede reflejar los cambios hormonales del ciclo menstrual.

 

Si tomamos en cuenta que un ciclo sexual femenino tiene una duración de 28 a 32 días aproximadamente, podemos observar a lo largo de este tiempo diversos cambios en el flujo en cuanto a cantidad, color y consistencia, que son totalmente normales y no deben causar preocupación siempre y cuando el flujo sea de color claro, tenga un olor leve no pestilente y lo más importante, no se acompañe de ningún otro síntoma por más mínimo que sea.

 

Después de la menstruación, muchas mujeres notan durante algunos días un flujo muy escaso y seco, conforme avanzan los días y aumentan los niveles hormonales, el flujo puede volverse más abundante y cremoso. En los días cercanos al momento donde existe mayor fertilidad (ovulación), el flujo suele ser transparente y muy elástico, similar a la clara de huevo; por último, después de nuestro periodo fértil, el flujo se vuelve nuevamente más espeso y menos abundante.

 

Los cambios mencionados son los más significativos que podemos experimentar en nuestro flujo menstrual, sin embargo, existen características que pueden indicar un problema de salud, especialmente infecciones vaginales o infecciones de transmisión sexual (ITS). Por ello es importante poner atención si el flujo presenta un olor fuerte o desagradable (similar a pescado), si cambia de coloración a verde, amarillo o gris, o si adquiere una textura espumosa o grumosa acompañado de signos y síntomas como picazón, ardor, dolor al orinar, dolor durante las relaciones sexuales o sangrado fuera del periodo menstrual.

 

En conclusión, es fundamental entender que no todos los cambios en el flujo indican enfermedad, pero cualquier alteración persistente o acompañada de síntomas debe ser evaluada por un profesional de la salud y evitar la automedicación. No olvides que conocer tu propio cuerpo y los cambios normales de tu ciclo es una herramienta clave para cuidar de tu salud íntima.

 

Consulta siempre a tu médico.

 

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Contenido obtenido del blog oficial de Siegfried Rhein.

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